Del alma fuerte al superhombreDescartes y Nietzsche : dos versiones del sujeto moderno

  1. Nájera Pérez, Elena
Dirigida por:
  1. Vicente Sanfélix Director/a

Universidad de defensa: Universitat de València

Fecha de defensa: 15 de octubre de 2002

Tribunal:
  1. Mercedes Torrevejano Parra Presidente/a
  2. Diego Sánchez Meca Secretario/a
  3. Isidro Peña Garcia Vidal Vocal
  4. Jacobo Muñoz Veiga Vocal
  5. Julián Pacho García Vocal

Tipo: Tesis

Teseo: 96447 DIALNET lock_openTDX editor

Resumen

En esta tesis se confrontan las posiciones de Descartes y Nietzsche en torno al problema de la subjetividad. Se trata de reconsiderar las relaciones entre ambos pensadores sin sancionar su quiebra definitiva ni dictar tampoco su continuidad indisoluble, sino teniendo en cuenta una complejidad no exenta de ambigüedad. El pretexto para este plan de trabajo lo da el propio Nietzsche, en cuyas páginas puede seguirse una guía de lectura de la filosofía cartesiana atenta a dos claves: el aristocratismo y la ingenuidad. Este último título anuncia una crítica que quiere insistir en el excesivo y apresurado optimismo de la epistemología cartesiana; mientras que el primero, no obstante, coincide con el nombre del mismo proyecto moral pensado por Nietzsche para el superhombre, lo que permite aventurar, pese a lo que sienta el calificativo de ingenuo, cierta afinidad entre ambos autores. En el primer capítulo de la tesis se intenta mostrar que esta indecisión interpretativa no es una anécdota ni un desliz, sino que cuenta con puntos de apoyo dentro y fuera de la obra nietzscheana. Responde, por una parte, a su doble interés historiográfico a vueltas con el problema de la verdad y con el de la moral. Y es que Nietzsche lleva a cabo dos recorridos por los hitos de la tradición metafísica que, aunque ciertamente discurren en paralelo, no coinciden en algunos casos æcomo ocurre con Platón y el mismo Descartesæ. Ello le permite distinguir entre las estrategias teóricas de estos autores y sus intenciones ético-políticas, pues a veces lo errado de aquéllas no desmerece el potencial de éstas. Pero, por otra parte, este planteamiento sirve para desdoblar la ambivalente imagen que proyecta ya la misma antropología cartesiana. En ésta, en efecto, el proceso ascético de formación de un sujeto esencialmente pensante, el ego cogitans, desea convivir con la perspectiva de un verdadero ser humano æcomo lo llama Descartesæ corporalmente comprometido y pendiente ya no tanto de la verdad como de la utilidad y felicidad que las cosas pueden reportarnos si acertamos a tomarlas con sabiduría. En ambos casos, Descartes exhibe una vocación de autorresponsabilidad heredada del Renacimiento a la que en su dimensión epistemológica, según Nietzsche, le conviene el epígrafe de ingenuidad, pero a la que desde un punto de vista moral no le va grande, sin embargo, el de aristocratismo. De acuerdo con esto, en los siguientes dos capítulos de la tesis se confrontan los programas de Descartes y Nietzsche sobre la identidad personal recomponiendo con cierta simetría sus índices a fin de poder tender entre ellos dos líneas de discusión. Así pues, la comparación se reparte en sendos contextos protagonizados por diferentes figuras de la subjetividad y que coinciden con los capítulos segundo y tercero de la tesis. En el segundo capítulo se abre un contexto epistemológico en el que el célebre æe ingenuoæ yo pensante es objeto de una revisión psicológica y genealógica por parte de Nietzsche. Para éste, el empeño cartesiano en formar un sujeto del conocimiento a prueba de toda duda peca de credulidad: se conforma a pesar de todas las cautelas con la suspensión dogmática del escepticismo, con una interpretación sustancialista plagada de prejuicios. Por eso Nietzsche llama a ¿dudar mejor que Descartes¿. Poniendo en práctica este lema, quiere desmentir los presuntos privilegios epistemológicos del cogito y devolver el ego al entramado de las ilusiones vitales. Se propone así desandar su larga andadura antropológica y revisar retrospectivamente su racionalidad para desmentir su presumible asepsia teórica y renaturalizarlo. En el tercer capítulo de la tesis, no obstante, se proyecta un contexto moral en el que el ya menos conocido vrai homme cartesiano, coincidiendo en ello con el expediente propuesto por Nietzsche como alternativa a la conciencia, el Selbst, el sí mismo, le da una dimensión corporal a la identidad. Bajo esta perspectiva, el alma fuerte y el superhombre, que encarnan las posibilidades existenciales más excelentes del verdadero ser humano y del sí mismo, discuten sus afinidades aristocráticas en nombre de dos ideales éticos individualistas y elitistas. Se trata de una complicidad que parece servida si tenemos en cuenta que la ética cartesiana maneja una distinción entre las almas fuertes y grandes, que son propiamente dueñas de sí mismas, y las bajas y vulgares que no saben hacer un buen uso de su libertad y pierden el control de sus vidas. Pero también se presenta como una complicidad que palidece, no obstante, al quedar presas las correspondientes maneras aristocráticas del alma fuerte y del superhombre de dos pasiones, la de la generosidad y la del egoísmo, respectivamente, que le tienen reservada al otro una mirada muy diferente. El generoso cartesiano es ante todo desprendido y traduce de cara a los demás su ideal del dominio de sí en una actitud de distanciamiento preocupada por mantener una reserva de identidad que no se agote en el ámbito público. Por ello son las metáforas dramáticas que salpican el Discurso del método y la correspondencia cartesiana las que, presentando al ser humano como un espectador, antes que como un actor, le permiten a Descartes ilustrar la actitud de distanciamiento respecto del mundo que aconseja la sabiduría. Por su parte, el egoísta nietzscheano también ejerce un autodominio encaminado a la construcción de la mismidad, pero se extravierte de acuerdo con un pathos de la distancia interesado sin duda en el ejercicio de una gran política que trabaja peligrosamente a favor de la jerarquía y excluye la posibilidad de cualquier gesto filántropo. Y es que los hombres de alma fuerte, si bien guardan siempre las distancias con respecto a los otros, entienden que compadecer al otro es un deber incompatible con la humillación; mientras que para el superhombre se trata éste de un sentimiento a erradicar que sólo mueve al desprecio. Así las cosas, llegado en el cuarto capítulo de la tesis el momento de las conclusiones generales, se insiste en que las relaciones entre Descartes y Nietzsche son complejas: se aflojan en lo que respecta al proceso de construcción de la subjetividad y se estrechan en torno a una moral pensada para los individuos de fuerte voluntad que aún así discurre por los distintos derroteros de la generosidad y del egoísmo. En todo caso, se ha de destacar el interés de la propuesta nietzscheana sobre la subjetividad, fundamentalmente el de su vertiente destructiva y crítica, en la medida en que nos advierte contra el substancialismo de la identidad comprometiéndola, como contrapartida, con una dinámica abierta y sobre todo estrictamente personal. Nietzsche nos invita de este modo a la creación de sí, a atrevernos con una idiosincrasia que neutralice el gregarismo y la homegeneidad que amenaza con presidir la democracia moderna. Sin embargo, esta invitación no está exenta de peligros, sobre todo si atendemos a la parte constructiva de su filosofía vertebrada por un egoísmo incapaz de recrear la identidad de los demás de acuerdo con un mínimo principio de caridad. Habida cuenta de ello, puede concluirse que el individualismo en el que piensa Nietzsche no es en ninguna medida el cartesiano. Éste permite el reconocimiento de la dignidad del otro y da pábulo a la tolerancia; mientras que aquél anula la posibilidad de la empatía, reconduciendo las relaciones humanas a una dura dinámica agonal centrada en el mando y la obediencia